lunes, 9 de noviembre de 2015

EL ÁRBOL DE LA PAZ

Oliva nos deja esta historia y nos plantea unas cuestiones para reflexionar:

El árbol de la paz, leyenda con valor.

En las llanuras de los indígenas pieles rojas había cinco diferentes grupos o naciones, enfrentadas en permanentes conflictos entre sí. Poco a poco cayeron en un terrible ciclo de odio y venganza que las iba destruyendo. Pero por aquellos días nació un misterioso pequeño, hijo de una doncella soltera que no había estado en compañía de hombres. Su familia le recomendó que lo entregara a otras personas para criarlo, pero el pequeño siempre regresaba y pronto descubrieron que se trataba de alguien especial.

El bebé creció hasta convertirse en un apuesto joven con grandes poderes de convencimiento. Se separó de su familia y durante varias semanas se dedicó a hacer una canoa de piedra. Quería dirigirse a la zona de conflictos para devolver la paz a las naciones indígenas. Muchas personas se juntaron para despedirlo y vieron, con sorpresa, que su canoa de piedra se desplazaba rápidamente por el río. A medio camino se detuvo en la choza de una anciana que se oponía a la guerra, que ofrecía alimentos y un lugar de descanso a los heridos. Cuando lo escuchó hablar rompió a llorar, pues nunca había conocido palabras tan bellas. Él le prometió que si conquistaba la Gran Paz ella sería la líder femenina del pueblo unido.

El joven continuó su viaje y visitó a todos los grupos. Se le unieron cincuenta antiguos guerreros. No fue fácil convencer a los jefes de todas las tribus, pero aprendieron a cantar una canción mágica, llamada Hai Hai, que ablandaba hasta los corazones más duros.

Cuando el joven consiguió pacificar a las naciones vio con preocupación que aún contaban con armas y pensó que era importante darles un símbolo permanente para que recordaran su promesa de no enfrentarse en guerras. Miró el horizonte y descubrió un árbol imponente, que alcanzaba a mirarse desde lejos y cuya copa parecía perderse entre las nubes. Las ramas se bifurcaban en número de cinco y él lo consideró un símbolo de los pueblos que antes se enfrentaban. Les dijo que, como recordatorio, el árbol siempre estaría verde, lleno de hojas, sin importar la época: la Gran Paz sería permanente, aunque cambiaran las estaciones. Él y sus amigos levantaron el árbol de su lugar. En la cavidad depositaron todas las armas y luego lo volvieron a plantar. Del árbol brotaron las raíces de la paz, que se extendieron en las cuatro direcciones: norte, sur, este y oeste.

En la cima colocaron a un águila para vigilar el territorio de los indígenas, convertidos en un solo pueblo, y alertarlos ante el peligro: mantener la paz era responsabilidad común. Por último le pidió a cada pueblo que le dieran una flecha de las que usaban para combatir. Las ató juntas como símbolo del poder conjunto que habían alcanzado al unirse. El misterioso joven les dijo: “en el futuro nuestras cinco naciones serán siempre una sola, tendrán un solo cuerpo, una sola alma, un solo corazón; nadie podrá destruirlas”. Tras pronunciar estas palabras desapareció y nunca se supo más de él.

Tras leer esta bonita leyenda, me he planteado dos preguntas, sobre las cuales me gustaría que reflexionarais a cerca de ellas.

Estas preguntas son: ¿pensáis que si ahora hubiera una guerra, todo el mundo reaccionaría como la anciana que aparece en la leyenda? o ¿solo miraríamos por nuestros intereses?

¿Creéis que la paz es una responsabilidad común?

En mi opinión, pienso que no todos reaccionaríamos como esta anciana si no que solo miramos por nuestros intereses, ya que es más importante que yo y aquellas personas que me rodean y a las que quiero sobre vivan y tengan un bienestar, a que las demás también lo tengan.

Y por último pienso que la paz si es una responsabilidad común, pero que no todos trabajamos para que esta exista realmente, ya que si nos tocan algo que nos duele o nos hacen algo que no nos gusta, tratamos de fastidiar aún más en vez de perdonar, mirar hacia un lado y seguir hacia adelante

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